Apagón, me echo en la cama, pongo música y me dejo llevar. Son estos momentos en los que uno desea olvidar muchas cosas mientras recuerda otras. Son recuerdos al fin y al cabo, pienso. Pero son pocos los que me arrancan una gran sonrisa, una sincera y espontánea de esas que te alegran el día. Porque suelen ser pequeñas cosas las que uno ve, dice y piensa día a día que de repente alguien las toma y las convierte en algo especial, las convierte en esa sonrisa, en ese llegar a tu casa y pensar: "hoy fue un buen día".
Creo que pocos saben el poder que tienen. Las palabras. Son tan importantes y muchas veces despreciadas. Muchos juegan con ellas mientras hay quienes las guardan con recelo cuidando que no se les escape ni una. Es el arte de decir lo justo y preciso lo que les devuelve su valor original. Lo que para muchos puede valer una mierda, para otros significa el paraíso.
Sigo echada en mi cama, me alumbra la luz del celular, tengo muchas cosas a mi costado. Lo más importante es un cartel que encontré guardado en este cuaderno, me lo hizo una gran (en todo sentido) amiga este año por mi cumpleaños. Para Doña Gabriela Aranda. Presente. Recuerdos, recuerdos, recuerdos, recuerdos. Vienen a mí cumpleaños pasados, más momentos, amigos (qué amigos he encontrado). Esto me lleva a pensar (sí, mi mente vuela un poco mientras escribo) las personas con las que me he soltado realmente siguen siendo mis amigos y que ninguno me ha fallado. Eso puede significar dos cosas: o que me he cruzado solo con muy buenas personas o que sé escoger muy bien a mis amistades. Sea como sea no me arrepiento de nada. Claro que varios se alejaron pero por diferentes motivos, siempre pasa. Siento que conservo a los importantes a pesar de las distancias, a los que me han hecho una buena/mala persona. Gracias por eso.
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