Te escribiré por aquí como si te estuviera hablando a la cara porque escribir por aquí es más fácil, pero menos bonito. Quiero ser capaz de decirte todo lo que tengo dentro a la cara y verte sonreír por mí, por esto que siento, porque te enteras de lo que me pasa por la mente y por el corazón. No lo quiero tener más aquí guardado aunque me cague de miedo de estar expuesta y vulnerable ante ti.
La vez pasada me invadió una inseguridad inmensa, pero ¿sabes qué me detuvo?
Tú.
Fue raro, fue hermoso, nunca me había pasado, todo se me fue al recordar tu sonrisa y luego solo lloré sola, lloré de miedo, lloré al darme cuenta de que te estoy queriendo, poco a poco, pero te voy queriendo, siento que es una peligrosa manera de querer. No ha sido de golpe, no. Te lo has ganado solo por el echo de ser tú. Te lo has ganado, todo esto que siento, todo ese espacio en mi cabeza, todas estas ganas de tenerte a mi lado, todo esto que escribo. Todo. Todo te lo has ganado cada día con tus palabras, con tus silencios, con tus abrazos y tus besos.
El sábado me pediste que te diga cómo me siento y no supe cómo responder, quizá lo hubiese logrado si Diana no nos interrumpía, no lo sabremos. Yo solo quiero decirte esto y mucho más de frente y mirándote a los ojos porque lo mereces. No quiero decírtelo porque me lo preguntes sino porque me nazca decírtelo de una buena vez. Quiero decírtelo y que me abraces de esa manera que me hace no querer soltarte. Quiero decírtelo y que sonrías.