viernes, 23 de diciembre de 2011

Te daré mi corazón para que juegues con él

Ella piensa, también siente, pero ha perdido la esperanza. Pasa su día siendo quien todos creen que es, siendo quien ella cree ser. Abre los ojos, se asoma a su puerta: no hay nadie, nunca hubo nadie tan solo gente de paso.
En los pequeños detalles lo ve, lo recuerda sin querer y ya no lo quiere más, o por lo menos eso quiere creer. Su mente y su corazón se combinan mientras camina por su casa, su memoria lanza el primer chispazo del día, lo evade y, como siempre, sigue el día. Camina ahora por las calles añorando verlo pasar por su costado mientras evita reconocer a toda persona que tiene cerca. Tiene miedo, está indecisa, no quiere creer más, no pretende querer de nuevo y salir perdiendo.

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