sábado, 17 de julio de 2010

Al colegio no voy más

Sí, ya sé que ha pasado como medio año pero la idea esta de que si extraño el colegio o no me persigue, mas no me preocupa. Admitiré que no me he puesto a reflexionar sobre eso, pero no creo que se me haga tan difícil, comenzaré por los recuerdos.

No sé cómo terminará esto, pero si eres un iluso y bonito escolar que empezó a mosquetear por internet y llegó a este humilde blog, atente a las consecuencias. El colegio me marcó y de eso no tengo duda alguna.

Cuando era chiquita tenía la idea de tener por siempre los mismos amigos, pensaba que no había forma alguna de dejarnos de hablar, FAIL. ¿Cómo se le explica a una niña que todos crecemos y que todos tomamos diferentes rumbos y aveces esos rumbos se vuelven lo suficientemente opuestos como para no volver a juntarse nunca más? pues nadie supo cómo hacer eso conmigo, es más creo que nadie sabe como hacerlo aún. Pasé diez años de mi vida en un colegio en el que conocí a mis amiguitos de la infancia. Uno de ellos fue por mucho tiempo mi mejor amigo. Jamás olvidaré cuando corríamos juntos hacia nuestras casas después del colegio que quedaba a unas dos cuadras, pues él vivía justo al frente de la mía. Luego de terminar todo lo que teníamos que hacer salíamos a la ventana que daba a la calle a tratar de hablar a la distancia. Por esos tiempos mi perro "fue llevado a la veterinaria y lo dejaron ahí". Una de esas tardes él me enseñó a su perrito por el balcón; yo, aunque no tenía ya perrito, no me quería quedar atrás y le enseñé un perro de peluche que tenía sobre mi cama. Luego de un tiempo se mudó y por la distancia se cambió de colegio. No lo vi más.
Por circunstancias parecidas mis amigos se fueron alejando y a duras penas llegábamos a diez personas para la graduación en 6to de primaria. Mis papás, además de que cada vez éramos menos en la promoción y la calidad se iba al inframundo, comenzaron a recibir referencias de un colegio en Jesús María por parte de mi tía pues su hija estudiaba ahí. Para esto mis hermanos ya habían terminado y trajeron, junto con sus libros de universidad, a un entrometido muchacho con nombre de fin de semana: Domingo. Él se encargó de dar la estocada final. El susodicho estudió en aquel colegio de Jesús María por lo que siempre hablaba bien de él mientras yo lo miraba con odio pues a mis 12 años no quería cambiarme de colegio. Él consiguió convencer a mi mamá con su conocido "qué rico cocina seño" o "ahora somos 4 hermanitos". Y bueno después de un tiempo y de una ardua desición de mi parte entre dos colegios (el de J.M y uno que queda por mi casa) en octubre del 2005 ya era parte de ese colegio, mi mamá se afanó un poco y me compró todo el uniforme antes que acabara primero de secundaria.

Así empezó mi verdadera vida en secundaria. Me asustó el primer día de clases pues no conocía a practicamente nadie y era una superpoblación la que existía en ese colegio, bueno según mi visión en segundo de secundaria. Mi primer año en dicho colegio y me cortó la mano la misma persona a la que le debo decir tanta lisura junta, a la misma a la que le rompí el cuaderno de matemáticas en plena clase de inglés y a la que años después fastidiaban por tener tremendas hijas. En tercero seguía sin conocer a mucha gente de mi salón pues ¡éramos más de cien! y may para todos que de hecho los conocía a todos en un solo año. Debo decir que en ese año marqué a mis amistades de por vida, mismo ganado vacuno les puse un sello en la nalga que dice hasta ahora: Soy amigo(a) de Gabi. Desde entonces ya no me importaba conocer a toda mi promo pues con unos tantos pero LOS tantos me bastaba para sobrevivir, claro que después se unieron muchas personas más a la pandilla de amiguines. En cuarto sobreviví con una sola de mi grupo en uno de los salones más geniales en los que he estado, conocí a más personas y me hice más amiga de ellos. Vi cómo nos hacíamos cada vez más grandes, pues esta vez era mi promoción a la que le tocaba cuidar de la bandera del Perú y del colegio y yo, si nquerer queriendo, fui una de las 12 personas (en su mayoría solo 6) que marchó cada lunes. La fiebre 44 ya me había atacado desde que pisé aquel colegio por primera vez pero cada vez sentía más los síntomas. En quinto nada fue fácil. Segundo lunes como'promoción' y ya teníamos que salir a hacer cualquier cosa con las banderas. Yo estaba en el trance de "universidad o LA UNIVERSIDAD", mientras el único tema de conversación, mi cerebro no registraba las palabras 'colegio' y 'academia' juntas por lo que le dije a mi mami que no pensaba postular ese año y que mejor me esperaba a que me pique el bicho del estudio. Mi mami me dijo MAY y me inscribió en una academia al frente de lo que ahora es mi centro de estudios. No siento que me involucré mucho con la gente de la academia (bueno, un poco) y solo paraba con amigas de mi promoción. Todo en el colegio me iba bien, física me parecía fácil aunque eso no se veía reflejado en mis notas. Ingresé y el último bimestre fue un total relajo. El típico 'si me saco tanto me faltan X puntos para tener 11.. YALA' yo no lo apliqué porque no tenía idea de cómo sacaban el promedio mis profesores y todo lo dejé a merced de mi cerebro que si pudo enfrentar un examen de admisión era capaz de todo en el colegio. Las clases de Raez que siempre empezaban con un 'Buenos días, pueden tomar asiento' (mientras movía las manos) 'A los que les toque el periódico mural, sáquenlo' sus sellos por cada tarea. Nunca realizé un análisis de frase completa hasta que llegué a la universidad y jalé ese examen por bruta. Nuestro querisímo padrino: Cubito. Él, que llegó cuando la promo 43 ya se iba y la 44 empezaba a tomar el control de aquellos salones de primer piso tan anelhados por toda promo (JÁ 45); él, que se ganó la antipatía de algunos por ser tan directo; no creo que me equivoque si digo que fue la pieza que nos faltaba para completar esa 44 que se fue formando. Se ganó el cariño de todos nosotros, con algunos recién se le hizo a fines de año pero todo vale. Esos dos profesores ya no están en el colegio, sonará botado, pero sin ellos y sin nosotros el colegio ya no es lo mismo. Lo digo porque he estado ahí en un recreo del 2010 y no me siento en el mismo ambiente. No es el mismo ambiente que entre gritos y llantos dejamos con el último grito la escolta 09', con nuestras togas puestas, bien arreglados, bien peinados caminando hacia al auditorio... hacia un futuro que nos separaría. No lloré de pena ni nada en la graduación pero ahora lloro de felicidad cuando veo entradas en blogs de mis amigos evocando esos momentos o fotos divertidas.

Ahora puedo decir que mi cerebro lanzó una chispada y entiendo todo. No extraño el colegio en sí porque siento que hice todo lo que pude para disfrutarlo, no me arrepiento de nada que pude hacer dentro de él: de ninguna escapada, ni de la única suspensión de mi vida que vino con un 0 más grande que el trasero de la loca en el curso de historia (igual aprobaba), mas no en geomtría: GRANDE CUBITO que me dejó dar el examen aún así. El colegio lo disfruté, los momentos importantes están ahí en un cofrecito que dice IMPORTANTE en mi memoria y que aún tiene espacio para más. Porque mi sello aún quema y esta fresquito como nalga de pingüino.