Hace una semana no paraba de llorar, recordaba tus palabras, el cómo me sentí en ese momento, cuando me paré de la cama y me encerré en el baño sin ti, cómo te escuchaba tras la puerta y mis ganas de no sentirte ni tenerte cerca mío. No podía creer lo que acababas de decir, ¿en serio? Luego de todo el tiempo que me... nos llevó llegar a esto, después de haber hablado del tema y tú saber mi situación, ¿en serio? y venían muchos pensamientos horribles a mi cabeza, me sentí completamente inútil y minimizada, sentí que no era suficiente para ti, que quizá debí esperar más y no dar ese paso contigo, ¿sí sabes que todo eso lo provocaron un par de palabras tuyas? ¿sí sabes que el no controlar lo que dices provocó todo esto? Espero que sí, sé que no fue tu intención, pero duele... aún duele. Ayer te dije que me sentía diferente respecto a lo que pasó y que no necesito que busques otras maneras de decir que lo sientes, pero creo que lo que hay dentro de mi cabeza es más fuerte que lo que dije ayer. Y no se trata de probarme nada porque en realidad no sé de qué se trata esto. Hoy nos recordé en ese momento, recordé esa sensación, la peor que he sentido a tu lado y no quiero volver a pasarla, no quiero volver a estar a tu lado y no querer mirarte ni que me toques, pensé en todas las reacciones que podría tener.
Tengo miedo y lo acepto por completo.
Tengo miedo de esto que aún me duele, tengo miedo de guardarlo en mí y de no poder sacarlo.
Ayer cuando me rozaste la mano sentí esa electricidad que te recorre toda y me quedé helada, no sabía qué hacer, me sentí totalmente confundida por un segundo, luego sentí ese abrazo que guardabas desde el lunes que me pediste un abrazo y te lo negué.