Tener hermanos en sí es un poco complicado: peleas, golpes, celos, etc. y más si creces siendo la única mujer entre dos hombres mayores; como fue, es y será mi caso. Esto, obviamente, también tiene su lado amable: te compran cosas, te llevan a comer, te defienden, les pides plata y jamás les pagas, te confían sus problemas amorosos y no tan amorosos junto con mil y un cosas más.
Recuerdo que de chiquita me volvía un poco loca después de pasar un tiempo a su lado, pues mis papás trabajaban y cuando no había nadie más me dejaban con ellos. Fueron ellos los que una tarde cuando bajé a almorzar muy inocentemente me hicieron comer una cucharadota de ají luego de un "abre la boca y cierra los ojos, te vamos a dar algo riquísimo" y yo, cojuda, me la creí. Fueron ellos los que me fastidiaban hasta que mi mamá después de reirse de mi sufrimiento dijera "Yaa, déjenla!" en el asiento trasero del querido Volkswagen rojo de mi papá. Fueron ellos los que, asustados, se metieron a la cama de mis papás conmigo pues sin saber le abrí la puerta a un ratero monce que solo se llevó un galón de gas que había en la cocina. Fueron ellos los que me hacían llorar de verdad haciéndome creer que se sentían mal por algo que yo les había dicho /hecho, BASURAS. Y fui yo su muñeca viviente, me pegaban, me quitaban cosas, me cambiaban por sus amigos a la hora de jugar con su Super Nintendo, me ignoraban cuando pedía que me prepararan el biberón y me enseñaban tontería y media como a "pelear" tirando puñetes al mismo tiempo que decía " UUH(primer puñete), AAH(segundo puñete)".
Vale decir que si no fuera por el mayor yo no estaría escribiendo esto. Me salvó dos veces. En mi primera experiencia cercana a la muerte me tragué una canica a los 4 ó 3 años, no podía respirar, me aplastó el estómago y volví a ser rosada (ahora marrón). La segunda fue en un club en Chosica, yo bajaba las escaleritas para sentarme cuando en una de esas me resbalé, no sabía nadar en ese entonces y el piso de dicha piscina estaba muy lejos de ser alcanzado por mis rechonchos pies, él nadó hacía mi y me saco misma pelota, mismo Profesor Jirafales cuando "salvaba" a Kiko de morir alzándolo del traje de marinerito. Y es él mismo quien confesó hace unos años el haberme estafado. Mi papá me daba de propina una moneda de un nuevo sol. A mis hermanos les daba más, por el hecho de ser mayores y de tener una necesidad de comprar estupideces ya fijada. El mayor, después de gastar la mayor parte de su dinero y con 4 o 3 monedas de 10 ó 20 centavos, se acercaba hacia mí y me comenzaba a sacar pica con un "miraaaa, yo tengo más moneditas que tú y estas encima son de oro mira, tú no tienes y yo sí". Yo obviamente ignorante del valor que tenía tanta moneda junta frente a la mía le decía: "¿no quieres cambiarlas por la mía? solo tengo una pero mira que es grande y y y ploma ¿ya?" él, obviamente, aceptó y así me estafó, por eso ahora es abogado.
Me han causado un daño psicológico grave, pero admito que no concedería una vida sin ellos. Me gusta cuando me llaman: gordita, gorda, gordis, puerquito (seguido del sonidito de un chancho) y escuchar a mi abuela de fondo: "Es tu hermana no un animal, llámala por su nombre, caaarajo mierda". También escuchar al más escandaloso de los tres caminar cantando por toda la casa "Gabi es un puercoo, un puerco, un pueerco marrano" al son de no sé , al son de waka waka o de cualquier canción que estén pasando por la radio y cuando termina preguntarme "Gabi, ¿eres un cerdo?" y yo responderle eternamente con un "no"; escucharlo gritar a mí, a mi mamá y papá "¡CHAU!" incontables veces sin recibir un chau como respuesta tan solo risas. Escucharlo imitar a sus amigos y pacientes, que me grite un "¿QUÉ ECH ECHO?" o " ¿QUÉ TÁ ACHENDO?". Me hacen reir siempre con sus tonterías y me encanta.
Ojalá algún día dejen de guardar sus mancuernas en mi cuarto para que en las noches no me golpee los pies, dejen de comerse todo lo que compro, de dormise en mi cuarto, de coger mis mascarillas y mi shampoo que huele a fresa y hacer el papel de marica. Bueno eso no porque la verdad es muy divertido. Ojalá y nunca dejen de ser como son.
Los amo apestosos. Aunque sé y espero, con todo el corazón, que nunca lean esto porque amanecería un poco maltratada.
Recuerdo que de chiquita me volvía un poco loca después de pasar un tiempo a su lado, pues mis papás trabajaban y cuando no había nadie más me dejaban con ellos. Fueron ellos los que una tarde cuando bajé a almorzar muy inocentemente me hicieron comer una cucharadota de ají luego de un "abre la boca y cierra los ojos, te vamos a dar algo riquísimo" y yo, cojuda, me la creí. Fueron ellos los que me fastidiaban hasta que mi mamá después de reirse de mi sufrimiento dijera "Yaa, déjenla!" en el asiento trasero del querido Volkswagen rojo de mi papá. Fueron ellos los que, asustados, se metieron a la cama de mis papás conmigo pues sin saber le abrí la puerta a un ratero monce que solo se llevó un galón de gas que había en la cocina. Fueron ellos los que me hacían llorar de verdad haciéndome creer que se sentían mal por algo que yo les había dicho /hecho, BASURAS. Y fui yo su muñeca viviente, me pegaban, me quitaban cosas, me cambiaban por sus amigos a la hora de jugar con su Super Nintendo, me ignoraban cuando pedía que me prepararan el biberón y me enseñaban tontería y media como a "pelear" tirando puñetes al mismo tiempo que decía " UUH(primer puñete), AAH(segundo puñete)".
Vale decir que si no fuera por el mayor yo no estaría escribiendo esto. Me salvó dos veces. En mi primera experiencia cercana a la muerte me tragué una canica a los 4 ó 3 años, no podía respirar, me aplastó el estómago y volví a ser rosada (ahora marrón). La segunda fue en un club en Chosica, yo bajaba las escaleritas para sentarme cuando en una de esas me resbalé, no sabía nadar en ese entonces y el piso de dicha piscina estaba muy lejos de ser alcanzado por mis rechonchos pies, él nadó hacía mi y me saco misma pelota, mismo Profesor Jirafales cuando "salvaba" a Kiko de morir alzándolo del traje de marinerito. Y es él mismo quien confesó hace unos años el haberme estafado. Mi papá me daba de propina una moneda de un nuevo sol. A mis hermanos les daba más, por el hecho de ser mayores y de tener una necesidad de comprar estupideces ya fijada. El mayor, después de gastar la mayor parte de su dinero y con 4 o 3 monedas de 10 ó 20 centavos, se acercaba hacia mí y me comenzaba a sacar pica con un "miraaaa, yo tengo más moneditas que tú y estas encima son de oro mira, tú no tienes y yo sí". Yo obviamente ignorante del valor que tenía tanta moneda junta frente a la mía le decía: "¿no quieres cambiarlas por la mía? solo tengo una pero mira que es grande y y y ploma ¿ya?" él, obviamente, aceptó y así me estafó, por eso ahora es abogado.
Me han causado un daño psicológico grave, pero admito que no concedería una vida sin ellos. Me gusta cuando me llaman: gordita, gorda, gordis, puerquito (seguido del sonidito de un chancho) y escuchar a mi abuela de fondo: "Es tu hermana no un animal, llámala por su nombre, caaarajo mierda". También escuchar al más escandaloso de los tres caminar cantando por toda la casa "Gabi es un puercoo, un puerco, un pueerco marrano" al son de no sé , al son de waka waka o de cualquier canción que estén pasando por la radio y cuando termina preguntarme "Gabi, ¿eres un cerdo?" y yo responderle eternamente con un "no"; escucharlo gritar a mí, a mi mamá y papá "¡CHAU!" incontables veces sin recibir un chau como respuesta tan solo risas. Escucharlo imitar a sus amigos y pacientes, que me grite un "¿QUÉ ECH ECHO?" o " ¿QUÉ TÁ ACHENDO?". Me hacen reir siempre con sus tonterías y me encanta.
Ojalá algún día dejen de guardar sus mancuernas en mi cuarto para que en las noches no me golpee los pies, dejen de comerse todo lo que compro, de dormise en mi cuarto, de coger mis mascarillas y mi shampoo que huele a fresa y hacer el papel de marica. Bueno eso no porque la verdad es muy divertido. Ojalá y nunca dejen de ser como son.
Los amo apestosos. Aunque sé y espero, con todo el corazón, que nunca lean esto porque amanecería un poco maltratada.