sábado, 1 de octubre de 2011

Me encanta salir de mi casa rumbo al centro de Lima, vivo relativamente cerca así que voy caminando. Cada vez me enamoro más de sus calles, de sus casonas, de sus construcciones tan barrocas, tan hermosas. Esas a las que muchas personas no les toma importancia y las ven como algo más que está ahí para rellenar. Pasar por ahí a las 5 de la tarde es de lo más hermoso.
Me molesta mucho escuchar críticas acerca del Centro de Lima de gente que no va hace mucho tiempo o que quizás nunca ha ido. Es cierto que hay zonas muy maltratadas, pero a pesar de eso siempre le encuentro lo bonito. Me imagino cómo se veía antes y lanzo un suspiro.
Todo esto se lo debo a mi papá, un hombre hermoso. Porque me llevaba de la mano por muchos distritos caminando mientras me hablaba acerca de cada calle, de cada casona, historias, anécdotas que yo, por la edad que tenía, no apreciaba del todo pero igual escuchaba. Caminábamos por el centro de Lima, también por el malecón, desde Miraflores hasta Chorrillos, siempre de la mano. Me tomaba una especie de examen que jamás pasé...

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