miércoles, 3 de septiembre de 2014

Quedarme sin aire y sonreír. Recordarlo y sonreír aún más porque qué bonito tener su sonrisa grabada en mi memoria. Sonreír y que luego me inunde un miedo, ese miedo del que ya he hablado, ese que he llegado a sentir tantas veces atrás. Miedo a sentirme tan segura de mi inseguridad. Miedo al tiempo, a las personas, miedo a estas sensaciones tan ajenas a mi manera de vivir, a mi manera de ser, miedo a lo que pueda llegar a sentir luego, miedo a que no sea suficiente, miedo a la distancia, puta ditancia. Pero, a pesar de todo lo que tengo aquí dentro, quiero pensar que este es un miedo bonito.