jueves, 20 de abril de 2017

Estaba intentando prender una luz y me topé con un peluche que me regaló mi ex y pensé en por qué lo tengo aquí conmigo si cuando lo veo ya no siento nada, recuerdo quién me lo dio, pero no me emociono ni me pongo triste, 
¿Así pasa cuando alguien se aparta y lo apartas de tu vida?
Tampoco quiero tirar el peluche, significó algo, me lo llevé a Argentina, lo abracé llorando en silencio antes de dormir mientras esperaba que me responda las primeras semanas en Buenos Aires. 
Recuerdo llegar ese jueves a mi cuarto y encontrarlo ordenado: mis zapatos afilados, mi cama tendida con esa manta roja de polar, todo en su lugar, menos este peluche, creo, no recuerdo, solo recuerdo mi reacción, luego, al ver a Frey, pero es como si mi mente hubiese editado ese momento de tal manera que el instante en el que agarro el oso, no está más, recuerdo que la primera vez que tuve sexo en ese cuarto vi el peluche tirado en el suelo con el calzoncillo encima, gruñí y lo guardé en la parte de arriba de mi armario, dentro de una mochila que nunca usé y no salió de ahí hasta que lo envié de regreso a mi casa cuando mis papás fueron a verme.
Podría dárselo a Branco para que lo destroce, pero no sé si valdrá la pena tener que limpiar el desastre luego.

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