domingo, 28 de febrero de 2016

He releído mis últimas entradas, todas con relación a él.
Es todo un viaje enamorarse, un viaje emocional un tanto complicado de describir.
En una misma noche he pasado de querer morirme abrazándolo y llenándolo de amor a no querer verlo nunca más en mi vida mientras mis ojos rebalsaban de lágrimas y sentía ese dolor recorrer mi cuerpo, ese dolor tan horrible que es como si, literalmente, murieras por dentro. 

En estos meses he pasado de no saber qué hacer y, por ende, no hacer nada a comenzar a experimentar con nuestros cuerpos sin pedirle perdón ni permiso. Lo he explorado con cada parte de mí. Sé qué es lo que lo hace explotar, sé cómo provocarlo y me encanta ir descubriendo más de él cuando solo somos los dos. Sé de ese sonido que hacen sus pies al frotarse y lo que significa, sé de sus reacciones, sé lo que él provoca en mí sin yo si quiera pedírselo, es todo un descubrimiento mutuo, tan íntimo, tan hermoso. 

Sus  manos recorriendo mi cintura, mis labios en su cuello, su respiración en mí, mis manos perdiendo el control de la situación y nuestras mentes amándose como lo hacemos nosotros en esa habitación. 

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