Se le erizó la piel al ver a alguien que caminaba igual que él, sintió el corazón latir como antes al oler el perfume que él solía usar, desapareció el piso y se le olvidó cómo caminar al recordar aquel día en el que hablaron poco, pero rieron mucho.
Se le erizó la piel, el corazón le saltó del pecho, dejó de caminar para empezar a flotar, se le achicaron las pupilas y el pensamiento, se le escaparon las palabras al igual que aquel perro que dejó su casa y no volvió más.
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