Yo bailaba con los pies en el cielo, con mis manos atadas a tus cabellos, mis ojos clavados en ti y mi pensamineto repartido en tu sonrisa y en un: ¿cómo es que puedes lograr que alguien se sienta así de bien? Si te llamo con el pensamiento y apareces como por arte de magia.
No es necesario que digas una palabra para hacer de un día difícil el mejor que pude tener en semanas con ese no sé qué que me vuelve no sé cómo.
Cada abrazo tuyo es sentir cómo se paraliza el mundo y también el poder de olvidarme de todo lo que pueda estar pasando, pensando y sintiendo.
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